En su versión live action, esta historia nos trae muchas lecciones, pero no, no es para niños.
Disney sigue estando en taquilla con los live action de historias clásicas que han conquistado a chicos y grandes. Hoy es el turno de Dumbo.

La cinta

Tim Burton es el realizador de esta película en la que con toda libertad arma una historia prácticamente nueva sobre el elefante volador.
Este Dumbo, con Burton en la batuta, nos da un mensaje de esperanza, pero también cuenta la historia desde una perspectiva más real y humana. ¿Cómo es que realmente las personas actuarían ante un elefante bebé con unas enormes orejas en la vida real? Este live action nos lo muestra.

Muy al estilo de su director, la cinta mezcla la fantasía y la extravagancia con un tinte oscuro. Definitivamente logra capturar el mundo circense dentro de una carpa donde todo es magia, aunque fuera de ella, todo se caiga a pedazos.
Si tienes fresca en la memoria la historia de Dumbo, te parecerá predecible la historia, pero es sencilla y de buen ritmo. No es una copia fiel a la Dumbo de dibujos animados de 1941, sin embargo conserva algunas escenas icónicas que se convierten en guiños para el espectador. No podemos decir mucho del desarrollo de los personajes, a excepción de Holt Farrier (Colin Farrell), una ex estrella de circo que en la historia tiene que vivir con un impedimento físico.

Su máximo logro

El personaje central, Dumbo, es de lo mejor, pues lograron hacer un elefante encantador y adorable como en la película original. Transmite sentimientos y tiene unos ojos realmente expresivos.

Temas desarrollados sutilmente, pero de gran impacto

Entre los temas más importantes que aborda la historia se encuentran la familia, como una especia de bandera en la trama; el ser diferente a los demás es un problema, pero en Dumbo lo transmiten como una cualidad; el capitalismo y la avaricia, que sin escrúpulos motivan a un empresario a explotar al elefante volador de modos nefastos con el fin de sorprender a un público cada vez más difícil de sorprender.
Otro tema muy actual en la sociedad es el feminismo, representado por el personaje de Milly, la niña que nació y creció en el circo, pero que se interesa en la ciencia, y es una chica fuerte y decidida con una autoestima a prueba de todo.
El respeto a los animales, es un tema que a muchos animalistas preocupa, sin embargo esta cinta les aseguramos que les va a encantar, puesto que a pesar de vivir enjaulados, los animales tienen personas que se preocupan por su bienestar.

¿Por qué Dumbo de Tim Burton no es una versión para niños?

La historia de Dumbo fue inspirada en la vida de un elefante que sí existió, pero que tuvo una vida dolorosa y fue conocido como el elefante triste Jumbo.
A Jumbo lo capturaron en Abisinia en 1862 cuando tenía dos años y medio, llegó con vida a París tres años después, pero en una condición deplorable al zoológico de Londres, intercambiado por un rinoceronte.

En aquella época tener un elefante africano era una rareza puesto que se les consideraba a estos paquidermos violentos y rebeldes.
Al director del zoológico de Londres no le importó la condución de salud de Jumbo, y lo quería a toda costa, un día escribió: “Nunca había andado por los caminos de Dios una criatura más deplorable y enferma”.

Bartlett puso al cuidado del elefante a un trabajador de poca experiencia llamado Matthew Scott. El joven era solitario como Jumbo y durmió con el animal en la jaula durante 6 meses. Al tiempo, Jumbo sanó y se formó una relación de dependencia del animal con su cuidador. Jumbo era incapaz de permanecer mucho tiempo alejado de su cuidador. Más tarde Scott contaría en sus memorias sobre Jumbo y su amor para nada insólito. Los elefantes son animales muy sociables que necesitan interactuar con otros de su especie, sin embargo, a pesar de que a Jumbo le buscaron pareja, Alice, el animal prefería estar junto a su cuidador.

Jumbo creció en los años en los que la fotografía se desarrollaba, y fueron los profesionales de las cámaras quienes convirtieron al elefante en una celebridad. Todo Londres lo visitaba y le dejaban pasteles como obsequio, durante 15 años fueron tiempos de “alegría” para Jumbo. Sin embargo, todo cambió para 1880.

De día era un elefantito amable al que los niños adoraban, pero por la noche, tenía arrebatos de violencia destrozando constantemente el almacén donde dormía por las noches.

Bartlett explicó la situación equivocadamente: Jumbo pasaba por la edad de los 20 años y estaba en celo; Jumbo solo obedecía a su cuidador Scott, quien constantemente exigía un aumento de sueldo. El director del zoológico afirmaba que no tenía duda de que el elefante sería capaz de matar a cualquiera (excepto a Scott) que se atreviera a entrar en su jaula. Y pese a asegurar que Jumbo estaba bajo control de Scott, ignoraba hasta cuándo la situación podría mantenerse de esa manera.

Lo cierto es que Scott se valía de un truco para mantenerlo en calma. Cuando Jumbo tenía ataques de ira, le daba whisky, y borracho olvidaba lo que provocaba su ira.

¿Qué era lo que desataba su furia?

Richard Thomas, arqueólogo de la Universidad de Leicester en el Reino Unido, examinó los restos de Jumbo con motivo de la realización del documental de la BBC Attenborugh and the Giant Elephant (2017). Descubrió que el elefante padecía de dolores insoportables que lo hacían enloquecer sin remedio.

La ingesta de pasteles le destrozó la dentadura, y las lesiones de sus articulaciones seguramente fueron resultado del gran peso que Jumbo cargaba al pasear a grupos de visitantes. A pesar de que Jumbo era un elefante joven de 20 años, su esqueleto era como el de un elefante de más del doble de su edad.

Temiendo que los ataques de ira de Jumbo se hicieran públicos, el director del zoológico decidió venderlo a un empresario circense estadounidense de nombre P.T. Barnum. Lo hizo por 2,000 libras esterlinas, unos 200,000 euros de hoy.

Con esta decisión, quienes enfurecieron fueron los londinenses, incluso hasta la mismísima reina Victoria, que consideraron una ofensa nacional esta compra-venta.

Cada noche los ciudadanos le visitaban más y más para despedirse de Jumbo y mostrarle su cariño. Cuando llegó el momento de trasladarlo, Jumbo se negó a entrar en la caja en la


Richard Thomas, arqueólogo de la Universidad de Leicester en el Reino Unido, examinó los restos de Jumbo con motivo de la realización del documental de la BBC Attenborugh and the Giant Elephant (2017). Descubrió que el elefante padecía de dolores insoportables que lo hacían enloquecer sin remedio.

La ingesta de pasteles le destrozó la dentadura, y las lesiones de sus articulaciones seguramente fueron resultado del gran peso que Jumbo cargaba al pasear a grupos de visitantes. A pesar de que Jumbo era un elefante joven de 20 años, su esqueleto era como el de un elefante de más del doble de su edad.

Temiendo que los ataques de ira de Jumbo se hicieran públicos, el director del zoológico decidió venderlo a un empresario circense estadounidense de nombre P.T. Barnum. Lo hizo por 2,000 libras esterlinas, unos 200,000 euros de hoy.

Con esta decisión, quienes enfurecieron fueron los londinenses, incluso hasta la mismísima reina Victoria, que consideraron una ofensa nacional esta compra-venta. Cada noche los ciudadanos le visitaban más y más para despedirse de Jumbo y mostrarle su cariño. Cuando llegó el momento de trasladarlo, Jumbo se negó a entrar en la caja en la

que lo llevarían a Estado Unidos, lo que aumentó su simbolismo patriótico para los británicos.

Su vida en Estados Unidos

Llegado a Nueva York, Barnum lo paseó por Broadway para que los estadunidenses admiraran al ejemplar africano. Pero Jumbo ya no estuvo más tiempo solo, una veintena de los de su especie le hacían compañía y solo así pudo acabar con la depresión de su solitaria vida en Londres. El circo de Barnum viajaba de ciudad en ciudad en tren.

El magnate circense de Norteamérica era bueno comprando los “freaks”, tenía variedad de ellos como la mujer de 160 años, mujeres barbudas y los siameses Chang y Eng; Jumbo era anunciado como el animal más grande del mundo.

Esto no era tan cierto, lo que sí era asombroso era que rebasaba un poco la altura de otros elefantes, él medía más de tres metros cuando el promedio era una altura de 270 centímetros. Era costumbre de Barnum exagerar en los carteles el tamaño del elefante con el que comparaba la insignificancia de un humano junto a Jumbo, en una escala irreal. Es probable que, de seguir creciendo, hubiera alcanzado al menos los cuatro metros. Pero el destino se opuso a que lo consiguiera.

El final

Era el año de 1885. El circo había terminado en Saint Thomas, una localidad canadiense. Los animales ya estaban en sus jaulas, listos para partir, olo faltaban Jumbo y un elefante bebé de nombre Tom Thumb. De repente, una locomotora apareció en dirección al bebé. Jumbo protegió con su cuerpo de siete toneladas a la cría del impacto del ferrocarril y murió en el acto.

Esa es la historia contada por Barnum. Sin embargo, en la opinión de David Attenborough, quien rodó el documental Attenborough and the Giant Elephant en 2017 dijo: Barnum “hizo creer que su muerte fue un acto heróico en el que Jumbo sacrificó su vida para salvar a la cría, pero no fue así”. Según las investigaciones mostradas en el documental la realidad fue que mientras Jumbo subía al tren, otra locomotora que venía en sentido contrario se lo llevó por delante, provocándole una hemorragia interna que le causaría la muerte.

Tenía 24 años, era muy joven cuando murió. Un elefante en libertad puede vivir hasta los 60 o 70 años. A la muerte del gran elefante, Barnum siguió generando dinero, vendió su esqueleto, el mismo que después investigaría Richard Thomas. También hizo disecar el cadáver, que les acompañaba en las giras.

Los taxidermistas encontraron en el estómago de Jumbo, una última sorpresa. 300 monedas que Jumbo había aspirado de las que sus admiradores pagaban a Scott para subirse a su grupa.

Su historia en cine y teatro

En 1939 Helen Aberson escribió Dumbo. Cambió la letra J por la D evocando a la palabra dumb (tontito). Era un cuento corto de escasa difusión que llegó a manos de Walt Disney, quien lo convirtió en la maravillosa película de dibujos animados en 1941.
Existieron otras versiones en teatro y cine; llegó una historia a Broadway y una película más protagonizada por Doris Day: Jumbo, la sensación del circo, de 1962.

Las distintas versiones muestran al personaje del elefante de grandes orejas como un paquidermo contento que hace felices a chicos y grandes, la realidad es una muy distinta.

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